Los tres cerditos seguían en casa y , no se porque, les daba miedo salir. Vi la chimenea y pensé que podría entrar por ahí para disculparme por haber derrumbado sus casas.Pero tenía un pequeño problema, no sabía como podría subir hasta el tejado. A lo lejos, vi una escalera, subí y entre por la chimenea.
Cuando llegue hasta abajo, los tres se llevaron un susto de muerte, pero se alegraron cuando yo caí en la cazuela que estaba ardiendo. Salí corriendo de ahí y me fui a una fuente.
Luego, por el camino de vuelta a la casa de los cerditos, vi una huerta llena de zanahorias y robé tres para dárselas a los cerditos.
Llegue a su casa y cuando vieron las zanahorias me dejaron entrar. Y por fin, se dieron cuenta de que solo quería pedirles perdón. Desde ese día nos hicimos muy amigos y yo les ayudé a construir dos casas nuevas, pero las hicimos de ladrillos por si estornudaba otra vez.

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